
El paciente Ponche Crema leía mi pensamiento y avanzaba lentamente, cansado de escucharme y seguramente recordando tiempos mejores en Los Llanos. A nuestro lado iba Carlos, un joven llanero que con 8 años llegó a la finca de su familia y que desde entonces se enfrenta a la naturaleza en estado puro.
Los Llanos ocupan un tercio del territorio venezolano pero albergan un ínfimo porcentaje de la población del país.

Grandes extensiones de tierra sin montañas, ni siquiera un pequeño montículo; embalses de agua dulce donde se encuentran marsopas, cocodrilos, osos hormigueros y anacondas y donde las garzas bajan a beber. Tormentas eléctricas que con un sólo rayo matan a cuatro vacas de una vez.
En 1548 llegaron los primeros colonos: once familias españolas. En 200 años la población indígena casi había desaparecido mientras las cabezas de ganado de los grandes terratenientes alcanzaban las 130.000.
Sin recibir sueldo alguno, los llaneros jugaron un papel importante en el ejército libertador de Simón Bolivar, aunque se cobraban sus servicios al llegar a pueblos y aldeas.

2 comentarios:
Ay Sil, me parto con el principio de tu relato y me horrizo con lo que cuentas que hicieron a lxs indixs.
En fins, nada nuevo bajo el sol, sobre todo, cuando éste se esconde entre tanta sombra.
Gracia por hablar de mi otra tierra en tu blog.
Un besote, nena
Nena!
Hablar de tu otra tierra es siempre un honor! La naturaleza lo desborda todo y es increible, pero el valor humano lo es aún más!
PD. A pesar de la sombra siempre se escapa algún rayo de sol, por finito que sea :)
Publicar un comentario