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sábado, 21 de mayo de 2011

viernes, 16 de abril de 2010

Felicidades, Miquel

Cuando nos hemos saludado esta mañana me ha dicho que no había dormido mucho la noche anterior, pero no lo parecía. Con su sonrisa sincera, su mirada viva y su conversación directa (y como siempre, a un ritmo frenético) Miquel se ha plantado delante de los periodistas, compañeros del cómic y de Arrels y ha presentado su cómic: Miguel, 15 años en la calle.

Parirlo le ha costado dos años en los que ha tenido que revivir muchos momentos y situaciones, para dibujarlas y darles voz. Dos años más los quince que se pasó en la calle y otros tantos de remontada. Se dice rápido, pero los trazos de sus dibujos revelan lo contrario...



PD. Aquí encontráis las primeras viñetas del cómic y aquí uno de los capítulos.

sábado, 10 de octubre de 2009

La vida loca

Se llama La vida loca y no es la canción de Ricky Martín. Se trata de un documental que se adentra en la vida de los niños y jóvenes que forman la mara 18, una de las principales pandillas de San Salvador (El Salvador).

El responsable es el periodista Christian Poveda, que durante un tiempo vivió con ellos su día a día, vio la violencia estructural que ha llevado a estos jóvenes a ser pandilleros, y fue testigo de la violencia diaria y de la ternura que se vive en las maras.

Dicen que el documental es una de las películas más solicitadas en los puestos callejeros de El Salvador y en nada también lo podremos ver aquí (el martes lo proyectan en el CCCB de Barcelona). Todo un éxito que Poveda no verá, porque el 2 de septiembre fue víctima de la violencia que rodea a las pandillas.

Aquí tenéis la primera parte del documental (y aquí encontráis el resto):


Sobre la mesa, el debate sobre la violencia juvenil y los puntos de vista que existen. "Es bueno que se hagan las labores de reinserción pero lo que primero que tiene que haber en el corazón de estos jóvenes es la conciencia del daño que le están haciendo a nuestro país", dice un policía en el documental. A lo que una ONG le responde: "Hay que buscar alternativas, no sólo con represión se van a arreglar las cosas".

Christian Poveda optó por esta última opción y colaboró en la puesta en marcha de una panadería en la que los chicos y chicas puedan formarse y tener opciones de futuro. Una fórmula que en otros lugares se lleva a cabo con éxito. Un ejemplo es la organización Ser Paz en Guayaquil (Ecuador), que aprovecha la estructura de las pandillas y su organización para poner en marcha microempresas. En los últimos años han creado revistas para el barrio, han abierto peluquerías y ebanisterías y han puesto en marcha microempresas de grafittis y una escuela de break-dance.

Toda una lección de cómo se puede revertir la violencia y un toque de atención a la violencia estructural que se genera desde los gobiernos y que vuelve tantas vidas locas.

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Más información:
Un gran reportaje en Soitu sobre una de las jóvenes pandilleras protagonistas de La vida loca
Galería de imágenes de Christian Poveda

domingo, 6 de septiembre de 2009

Piedras que hablan

Hace 26 años, Joan y Lourdes llegaron a la casa-ermita de Sant Feliu de Terrassola. Sant Feliuet, como los vecinos la conocen, se levanta sobre la montaña y, aunque ahora se puede ver desde la nueva carretera del eje transversal, durante siglos se ha escondido en el bosque.

No tienen medio de transporte y durante años han vivido casi aislados. Quizás por eso se han convertido en un referente en el lugar, en la voz de la historia que atesora Sant Feliuet.


"La colina de Sant Feliuet era un cementerio precristiano. Los cimientos y la cripta son bizantinos, y la iglesia se construyó encima. Durante la guerra civil se reventó la cripta; Sant Feliuet era un punto estratégico desde donde se controlaban los Pirineos y en sus dos túneles se refugiaban religiosos y chicos que no querían ir a la guerra", explica el señor Joan.

Cuando Joan y Lourdes se trasladaron a Sant Feliuet, la casa, adosada a la ermita desde 1455, no estaba preparada para vivir en ella y la iglesia estaba medio derruida. Y ahí empezó su labor: "El zócalo se mantenía pero había que rehacer el ábside. Un payés nos donó el ábside de una pequeña iglesia que en su tiempo dependía de Sant Feliuet, numeramos las piedras, las trajimos y lo reconstruimos".

La torre, de 40 metros y con un origen defensivo, también se reconstruyó y el interior de la iglesia se rehabilitó. Sólo para reconstruir la pila bautismal de la ermita, Joan y Lourdes dedicaron años. "No se trata de reconstruir lo que está destrozado, sino de limpiar y consolidar", dice Joan, que documenta todas las transformaciones que vive el lugar.

En este duro trabajo han colaborado vecinos y descendientes del antiguo párroco, pero las instituciones casi no han dado su apoyo. Gracias a Joan y Lourdes, las piedras de Sant Feliuet, de momento, nos hablan.

viernes, 30 de enero de 2009

Inclusión a ritmo de flow

Hoy Alberto, Edgar y Queen Melody se sienten orgullosos. Orgullosos de ser ñetas, de ser latin king, de tener flow y de haber puesto en marcha una iniciativa que los úne y en la que participan otros chicos del barrio.

Hace poco más de tres años, un grupo de latin kings se acercó al Kasal de Jóvenes de Roquetes, en Barcelona, para pedir un espacio donde encontrarse y hacer actividades. Al poco tiempo, los ñeta también llegaron y ahí nació la posibilidad de trabajar juntos.

El resultado es un libro con su experiencia, un CD de hip hop y una obra de teatro en la que explican lo que hay detrás de un chico pandillero: una reagrupación familiar con padres a los que hace tiempo que no ven, un sobreesfuerzo para incorporarse a una nueva rutina escolar, y un lugar totalmente diferente y lejos de los suyos.

A la iniciativa la han llamado Unidos por el Flow, porque lo que les une es el hip hop y porque el arte callejero ha sido la mejor herramienta con la que han contado para mejorar su confianza y su inclusión social. “Lo que queremos es aclarar los pensamientos de la gente y acabar con el fantasma que ha existido” sobre las pandillas, explica Alberto.

Y lo dicen alto, claro, y rapeando:


Como explica Queen Melody, sólo el hecho de haber llegado hasta aquí ya es “una victoria” y demuestra que “la convivencia es posible”.

El reto, ahora, es conseguir el apoyo y el dinero que en todo este tiempo no han tenido, para afianzar el proyecto y llevarlo a otros lugares. De momento van por buen camino: hace dos años latin y ñeta consiguieron legalizarse en Cataluña como asociación cultural y ahora trabajan juntos en una entidad mixta. ¿Quién se atreve a decir que no lo lograrán?

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Unidos por el Flow bebe de proyectos similares que utilizan el hip hop para trabajar con jóvénes en situación de exclusión. Varios ejemplos son la Central Única de las Favelas que impulsa la rapera Nena Gizza en Brasil; los chicos de Rapsodas en el Barrio que, en Madrid, le han puesto flow a poemas clásicos; y la iniciativa norteamericana Hip Hop Education.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Conciliando con Wendy

Cuando María acaba su turno en el restaurante a las once de la noche se dirige al local de la asociación para recoger a su hijo. Wendy está con él, y no se va a casa hasta que su madre lo viene a buscar.

Hoy he hablado con Wendy. Me ha reconocido al momento, y eso que la única vez que hablé con ella fue hace dos años para que me explicara la labor de su entidad y pudiera escribir un reportaje.

Cuando Wendy llegó hace años de su país tuvo que aprender otra manera de vivir y empezó a darse cuenta de lo difícil que era compaginar su trabajo con cuidar de su hijo. Por eso decidió poner en marcha una asociación que ayudara a otras mujeres inmigrantes a conciliar vida familiar y laboral.

En el local ayudan a las madres a buscar trabajo y, cuando lo consiguen, cuidan de sus hijos para que no se queden solos. Pero el proyecto peligra porque el dinero no llega para pagar la sede de la organización.

“Los alquileres de los despachos son muy caros”, me dice Wendy. Le propongo mirar en los hoteles de entidades que muchos municipios tienen en marcha, pero ahí ya le han dicho que sólo pueden ofrecerle una habitación compartida con otra entidad y que no hay espacio para los chavales que hacen actividades mientras sus madres trabajan.

Me despido deseándole suerte a Wendy, pidiéndole que me mantenga informada y contenta de haber vuelto a hablar con ella. Y cuelgo pensando en una de sus últimas frases: “La conciliación es difícil y más aún para las mujeres inmigrantes, que se encuentran fuera de su contexto y afrontan más dificultades. Pero parece que a nadie le importa demasiado…”

lunes, 13 de octubre de 2008

Los sueños de Carlos, Kioshi, el bisnieto de Satanás y la joven del bebé

Doce horas de autobús pueden ser eternas, pero no lo son si tu compañero de asiento es Carlos B. Este guatemalteco colaboró durante años en la procuraduría de derechos humanos atendiendo denuncias de violencia intrafamiliar y demandas de abusos contra la población indígena que cometían las fuerzas de seguridad.

Un día, Carlos tuvo que mediar en un secuestro. Tras horas de negociaciones liberaron al rehén pero el asunto se giró y los secuestradores decidieron retenerlo a él. Le tocó mediar para sí mismo y, después de 16 horas de cautiverio, lo dejaron ir. Fue ahí cuando dejó su cargo.

A Carlos lo conocí hace dos años. Me contó que, aunque los acuerdos de paz se firmaron hacía una década, las cosas no habían mejorado en Guatemala y que la prueba más clara era que ocho de las familias más ricas que controlan el país son las mismas de siempre.

Kioshi no era miembro de ninguna de esas familias. Cuando tenía 10 años su padre se marchó y al poco él hizo lo mismo. Recorrió muchos lugares de Guatemala, pasó muchas noches en la calle y con una de sus novias tuvo un hijo que murió. El día que lo conocimos estaba en Livingston vendiendo collares de semillas y nos explicaba nervioso que al día siguiente tenía una prueba en un equipo de fútbol que podía cambiarle la vida.

Quien no estaba nada nervioso es el anciano que conocimos en lo alto de una colina saliendo de Livingston. Decía ser bisnieto de Satanás y descendiente de Dios y de manera muy lúcida nos recordó que la Biblia fue escrita por gente con intereses políticos.

Precisamente de intereses políticos y de los sueños de personas como Kioshi y Carlos de una vida mejor se ha hablado estos días en Guatemala. El país ha acogido el Foro Social de las Américas, donde han acudido indígenas campesinos, mujeres organizadas y entidades sociales de base.

En una sola voz han denunciado los efectos que tienen el agronegocio y la minería en los pequeños campesinos, han criticado los efectos negativos de los tratados de libre comercio con EEUU y la UE y han advertido de la existencia de una deuda externa ilegítima.

Pero sobre todo han elaborado una agenda común de acciones y han defendido propuestas, como reformas agrarias igualitarias, el derecho a la soberanía alimentaria, una economía solidaria, el libre tránsito de personas y la propiedad pública del agua.

Quizás si se escuchara a todas estas personas las cosas mejorarían y se evitarían situaciones como la que nos pasó en Sololá, donde una joven maya se nos acercó con su bebé en brazos y nos dijo 'llévenselo'.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Elisa

Para Elisa hoy es un día grande. El curso pasado acabó la educación obligatoria y, a pesar de las críticas de su familia y su comunidad, se ha empeñado en seguir estudiando y hacer un módulo formativo.

Hasta ahora nadie lo había conseguido; será la primera en continuar estudiando y lo tiene todo planeado. Por la mañana irá a clase y por la tarde trabajará para pagarse el trasporte y ayudar en casa. En sus ratos libres, además, irá con su padre a recoger y vender la chatarra que les permite vivir.

Se lo currará y se lo ha currado. Cada martes del curso pasado, Elisa se pasaba por la clase de refuerzo escolar para los más pequeños que los voluntarios tenemos en marcha. Nos sentábamos frente al ordenador y juntas aprendimos a hacer un currículum, a buscar ofertas de empleo, a crear una cuenta de correo electrónico y hacerla funcionar, a afrontar una entrevista de trabajo... Otro día a la semana quedaba con otra voluntaria para reforzar su catalán y al final recuperó la asignatura.

Hace dos años, cuando ella tenía 15, nos dio otra lección. Faltaban pocos días para que la policía desalojara el campamento donde vivían. Los voluntarios queríamos hacer una pancarta de protesta pero no nos poníamos de acuerdo en el lema ni en el tono que debía tener. “Queremos un sitio donde vivir”, dijo de repente Elisa. Y resultó que era tan sencillo como eso.

En pocas semanas esto también se cumplirá. Su familia será la primera que, en diez años, deja de vivir en el camión y empieza una nueva vida en un piso. El viernes, cuando vi a Elisa, me lo explicaba ilusionada.

Quiero pensar que la vida le empieza a sonreír aunque lo más importante es que es ella la que sonríe a la vida y, sobre todo, la suda y se la gana.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Alerta, alerta, alerta que camina

Aún me muerdo los puños de la envidia sana hacia mi amiga Gemma. Este agosto (mientras yo trabajaba mmmmm...) ha estado en Argentina y, a través de unos amigos, pudo conocer de cerca una pequeña parte de la labor que hace la Vía Campesina. El viernes me explicó algunas cosas y yo os las cuento ahora :)

El 10 y 11 de agosto miles de personas de toda América Latina se reunieron en Rosario (Argentina). Eran campesinos y campesinas y llegaban convocados por la Vía Campesina, una entidad que desde hace casi dos décadas dice con voz bien alta algo muy lógico: cada pueblo debería poder vivir de lo que produce la tierra y decidir qué alimentos produce y para quién.

Es lo que se llama soberanía alimentaria y lo que campesinos de todo el mundo (también en Europa) piden a sus gobiernos. Estos, en cambio, apuestan por otro modelo que suele basarse en el monocultivo, la exportación, la concentración de la tierra en pocas manos y un agronegocio que genera conflictos con los pequeños productores.

En Argentina, por ejemplo, Gemma ha conocido a la gente del Movimiento de Santiago del Estero Mocase. Ninguna de estas familias tiene tierra propia para trabajar y casi todos han tenido problemas alguna vez con los grandes terratenientes de la zona, me explicaba. El viernes mismo, sin ir más lejos, recibí un correo del movimiento Mocase que decía que cuatro de sus miembros habían sido detenidos y golpeados.

Los campesinos, en Mocase y muchos otros lugares, responden uniéndose, denunciando su situación, debatiendo y mostrando sus alternativas para avanzar hacia la soberanía alimentaria. 'Alerta, alerta, alerta que camina la lucha campesina por América Latina', gritaban en Rosario. En este vídeo lo recogían:




El foro celebrado en Argetina es sólo un ejemplo, como también lo son otras iniciativas como la Universidad Campesina de Resistencia en Colombia, las redes de semillas en varios países del mundo, o campañas como No te comas el Mundo.

Si lo pensamos bien, no hablamos de un tema que nos quede lejos ni que afecte a poca gente. Afecta a productores y a consumidores. De los 852 millones de pobres en el mundo, el 75% son campesinos. Muchos están en países del sur y otros tantos los tenemos cerca de casa. Sino, ¿quién cultiva los tomates que nos comemos? ¿cuánto cobran por ello? ¿y a dónde va a parar el dinero que nosotros pagamos de más?

lunes, 18 de agosto de 2008

'He trabajado 90 horas a la semana por 20 dólares'

Hay gente importante y reconocida a la que entrevistas como periodista y te dejan igual. Otras personas anónimas, en cambio, te explican las cosas con tanta sencillez que parece mentira que hayan vivido tantas injusticias.

Una de esas personas es Miriam V. La conocí hace cuatro años, cuando vino de Nicaragua a Barcelona a presentar 'Maquiladoras', un documental que habla de la explotación laboral de miles de personas en las fábricas maquilas.

Miriam podía llegar a trabajar 90 horas a la semana por un sueldo que no alcanzaba los 20 euros, hasta que un día dijo basta. Estas son algunas de las cosas que explica:

  • "Mi jornada empezaba a las 6 de la mañana y acababa a las 8 de la tarde, sábados y domingos incluidos; era una casualidad que nos dieran un domingo libre."
  • "Sólo podíamos ir dos veces al baño y si tardas más del tiempo establecido te quitan parte de la paga."
  • "Una camiseta sencilla para una niña pequeña la pueden vender a 18 dólares, ¡más de uno de mis sueldos semanales!"
  • "Todo lo que producen las maquilas sale al exterior, sólo se instalan en mi país para explotar la mano de obra. Si alguna prenda se queda en el país es porque antes se exportó y regresó con otra marca en la etiqueta."


Me da vergüenza recordar el relato de Miriam y ver que en Europa no sólo pasan de denunciar estas situaciones sino que además se están pensando implantar jornadas semanales de 65 horas.

PD. La foto es de la exposición Maquilas, la explotación laboral del siglo XXI, de CCOO.