
Su sexto sentido le hacía acercarse a los niños que tenían más problemas, y muchos le contaban sus cosas. Su sexto sentido también le alertaba de la comida sosa que a veces le ponía y que, todo digno, me despreciaba.
Cualquiera que entrara por la puerta de la escuela temía sus ladridos, los mismos ladridos que cuando los voluntarios nos íbamos a la casa de acogida con los chavales nos acompañaban hasta la puerta para guardarnos de otros perros callejeros desconocidos.
Hace tiempo que a Jack lo envenenaron, como a otros perros del barrio. El otro día, mientras me tomaba una cerveza con una amiga, me acordaba de él y de lo que me enseñó.
PD. En la foto, Jack chulea a otro perro desde la calle mientras Chiripa le hace de guardaespaldas.
3 comentarios:
Jo, què trist Silvia...
Tens raó, Dani... espero que hi hagi molts més Jacks i que nosaltres aprenguem d'ells!
era un buen can, por dios, y un buen maestro, te doy toda la razón.
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